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Promesas bajo la lluvia: 4) De compras

by Natalia on Nov.22, 2009, under , , , , , ,

LA HISTORIA CONTINÚA, ¿TE LO VAS A PERDER?

Mi respiración se disparó. Me quedé atónita al ver al chico de metro andando en dirección contraria hacia nosotros, dentro de unos segundo pasaría al lado mío.
–No puede ser… –pensé con el corazón latiendo a tope.
– ¿Mía? –me dijo Helena acercándose a mi para ver que me pasaba.
Justo cuando Helena me agarró por los hombros para ver que me sucedía aquel chico pasó al lado nuestro.
–Era el… –murmuré mirándola a los ojos.
– ¿Quién?
–El chico del metro –contesté sin parar de mirarla.
–Mierda, no he visto a nadie porque me he fijado solo en ti para ver que te pasaba.
–Ha pasado aquí al lado de nosotras, ¿no le has visto? ¿no sabes si era el chico con el que he quedado esta tarde?
–Lo siento Mía. No he visto a nadie –se lamentó.
Mike se acercó preocupado y preguntó que ocurría.
–No pasa nada Michael, no te preocupes. Sigamos –dijo Helena mirando hacia atrás a ver si conseguía ver a aquel chico.
Durante un rato nadie dijo nada hasta que me di cuenta de que Michael podría sospechar algo sino decíamos algo ya así que me decidí a intervenir.
– ¿Tú vas a comprar algo? –pregunté absurdamente.
–No tenía pensado en comprar nada pero si veo algo pues me lo compraré –sonrió.

Le devolví la sonrisa y miré a Helena para que me ayudase a decir algo. Ella no tardó en sacar un tema de conversación. Cuando llegamos a Leicester Square sacamos los tickets de metro y nos adentramos en él.
–Oye Helena no entiendo como no nos han presentado antes, eres majísima –dijo Mike.
Helena sonrió y sus mejillas cogieron un color rosado.
–Gracias –volvió a reírse –yo también estoy encantada de conocerte por fin.
–Me vais a hacer ponerme mal. Lo siento por no presentaros antes, pero es que siempre teníais planes distintos –dije mirando al túnel del metro esperando que el los vagones llegaran.
–No te preocupes –me dijo Helena –sólo lo hemos dicho porque nos llevamos bien, no te estamos echando en cara nada –se preocupó pensando que me había enfadado.
–Tranquila –sonreí –me lo he imaginado.
–Me habías asustado –dijo ella abrazándome.
Mike nos dijo que se notaba que éramos muy amigas y que él antes tenía un amigo así pero que se fue a Nueva Zelanda con su novia y ya no sabe apenas nada de él.
–Seguro que encontrarás a algún amigo mucho mejor –dijo Helena sonriente.
–Amigo o amiga –dijo Mike.
Helena me miró de reojo y asintió.
–Si, amigo o amiga –repetí yo.
Llegamos ya a nuestra parada, allí bajamos del vagón y nos pusimos en marcha hacia GAP, en Oxford Street.
–Y pensar que vengo al mismo sitio que al que vengo para trabajar… –susurró Mike riendo.
–La verdad es que Mía está igual que tú –me dijo mi amiga riéndose.
–No podemos decir nada malo porque esta calle es muy buena –me defendí.
–Por supuesto –contestaron mis amigos.
Helena se separó un poco de nosotros para llamar al hombre que quería comprar sus cuadros, yo me quedé con Mike esperando a que terminase de hablar Helena en la entrada de GAP.
– ¿Entonces esta tarde tienes planes? –preguntó Mike.
Me puse colorada y asentí. Mike me preguntó que compromiso tenía esta tarde pero justo llegó Helena y evité la pregunta haciendo como que no había escuchado lo que me había dicho.
– ¿Vamos dentro? –dije con ganas de separarme de Michael.
Helena encontró toda la ropa que necesitaba, la encontró de todo tipo y me mandó a los probadores con un montón de ropa.
–Cuando te lo pruebes avísanos –dijo Helena cerrando la cortina de mi probador.
Ella se acercó a Mike y se puso a hablar con él. Había mucha gente ese día allí, la gente entraba y salía de los probadores continuamente. Me sentía incómoda en aquel probador, constantemente la gente se pasaba y movía la cortina mirando a ver si había alguien ocupando ese probador, tenía que estar todo el rato pendiente de que nadie me abriese la cortina. En cuanto acabé de probarme el primer conjunto llamé a Helena y ella vino con Mike a verme, yo creo que era el que mejor me quedaba pero Helena insistió en que me probase todo lo demás. Me di cuenta de que Michael no me quitaba el ojo de encima y eso me ponía un poco más nerviosa aun.
–Ya estoy lista de nuevo –dije para que Helena me escuchase.
– ¡Estás guapísima! –me dijo mi amiga al verme con una camiseta blanca ceñida, una falda negra y unos botines negros con un poco de tacón.
–A mi me gustaba más lo de antes, la camiseta me permitía respirar –dije con mi mano en mi estómago.
–Yo opino que estaba guapa de las dos maneras –dijo Mike.
–De gran ayuda tu opinión… –pensé.
–Yo creo que te debes quedar entonces con lo primero –dijo Helena.
–Estoy de acuerdo contigo –sonreí –me quedo lo otro.
Me metí de nuevo al probador y me puse mi ropa cogiendo lo que me llevaba en una mano y lo que no en la otra mano. Nos fuimos directamente a la caja cuando mi amiga vio un vestido de verano que le gustó y fue a probárselo corriendo, dejándonos a Michael y a mí solos en la cola de la caja.
–Vaya me gustan esas gafas –dijo Michael cogiéndolas y probándoselas.
–Te quedan bien –me limité a decir.
– ¿Tú crees? –preguntó el chico indeciso.
–Por supuesto –contesté intentando sonreír.
Eran unas gafas de motero oscuras y con las patillas plateadas. La verdad es que a Mike todo le quedaba bien, era un chico maravilloso aunque no podía fijarme en el por más que lo había intentado. No quería sentirme sola y él era el único chico que me hacía caso y que realmente se moría por mí pero a pesar de todo eso yo era incapaz de mirarle como a algo más que un amigo.
–Me las llevo entonces –dijo Mike cogiéndolas y sacando su cartera para pagar
Seguidamente llegó Helena sonriente y nos dijo que el vestido le quedaba genial y que le se lo compraba, al final todos compramos algo. Cuando pagamos los tres nos dimos una vuelta por la calle en la que trabajábamos Mike y yo, Oxford Street.
– ¿Os apetece ir a tomar algo? –propuso Michael.
–Podríamos ir a casa e invitarle a Mike a tomar algo –sonrió mi amiga.
– ¿Qué te parece Mía? –dijo Helena insistiendo.
–Me parece… genial.
– ¡Oh! Muchísimas gracias –agradeció el joven.
–De nada –contesté apenas sin voz.
No quería que Mike viniese a mi casa, no me sentía a gusto, era un chico ejemplar pero no sé por qué siempre me hacía distanciarme de él, no sé si por miedo a enamorarme o qué. Aunque ahora estaba más así con él por el tema del chico de ojos azules, no entendía que me pasaba con él si ni si quiera sabía si esta tarde volvería a verle aunque hacía unas horas mi miraba volvió a posarse en aquel chico del gorro gris.
–Te invitamos a tomar algo y si quieres puedes quedarte a comer, Mía hace una lasaña riquísima –me halagó Helena.
Me sonrojé y miré de reojo a mi amiga por estar complicándolo más todo. Ella se acercó y me dijo que hacía todo esto para que el chico se cansase de estar con nosotras y así por la tarde nos dejaría en paz pero no sé yo si eso era buena idea o no, porque a Mike le dabas la mano y te tomaba el brazo o eso al menos hacía conmigo. Pero por probar no perdíamos nada, mejor intentarlo que rendirse en el intento, ¿no? Así yo le dije a Mike que Helena tenía razón y que debería quedar a comer y éste dijo que sí sin rechistar.
–Esperar un momento –dijo Mike acercándose a una chica rubia y del mismo color azul que el cielo, pero claro está, que no era tan bonitos como los del chico del metro.
– ¿Quién es esa? –me preguntó Helena.
–No lo sé –contesté dubitativa –es la primera vez que veo a esa chica.

Esperamos a que Michael terminase de hablar con la chica esta, cuando finalizó nos dijo que era una prima suya. Entonces continuamos el paseo hasta nuestra casa. Las calles estaban más alegres en el día de hoy ya que hacía un sol espléndido, era el primer domingo de mes y la gente paseaba con bolsas en las manos, entraban y salían constantemente de todos los bares y muchísima gente viajera estaba visitando la ciudad. Era sinceramente, una ciudad con vida propia.
–Ya hemos llegado –dije al cabo de todo el paseo cuando estaba abriendo la puerta del portal.
Abrí con delicadeza para que la llave me abriese a la primera y así Mike no vería que a veces, soy un poco torpe.
– ¿Por qué me preocupo tanto en no hacer el ridículo delante de Mike? Si a mi el no me gusta… –pensé.
–Ponte cómodo –le ofreció Helena a Mike.
–Gracias –contestó el chico sentándose en el sofá educadamente.
Yo me fui a la habitación a recoger mi móvil ya que se me había olvidado cogerlo y había estado toda la mañana sin él. Miré a ver si tenía alguna llamada pero cómo era de costumbre, nadie me había llamado ni mandado un SMS.
– ¿Qué te apetece tomar? –preguntó Helena a nuestro invitado.
–Pues un vaso de agua, por favor.
– ¿Vaso de agua? No seas así, ¿quieres una cerveza? –preguntó de nuevo mi amiga.
–Bueno, está bien. Muchas gracias –sonrió.
Dejé mi móvil en mi chaqueta y ésta la puse en el perchero de la entrada. Fui seguidamente a la cocina a ayudar a Helena por si necesitaba que le echaran una mano pero ella se negó y me mandó al salón para estar con Michael. Y así, nuevamente, me moría de vergüenza.
– ¿Qué te parece el apartamento? –pregunté absurdamente.
–Está bien y las vistas son muy bonitas –dijo asomándose por la ventana.
–La verdad es que es lo más bonito, creo yo –sonreí.
–Bueno, en el apartamento también hay cosas bonitas.
– ¿Cómo qué? –pregunté con curiosidad.
–Tú.

Me lamenté de haber preguntado aquello, ahora no sabía que decir y noté como poco a poco, mi cara se ponía más roja y ardiente. Me moría de vergüenza tan solo con estar ahí con él y ahora, después de haber escuchado eso, ya si que no sabía dónde meterme para encontrarme a gusto y no con vergüenza. Mi amiga Helena se acercó y nos vio a los dos sin saber que decir ya que Mike, esperaba a que yo le diese una respuesta a aquella objeción pero, de nuevo, deseaba que la tierra me tragase. Mike tenía una cara un poco triste al no obtener respuesta y Helena cada vez la veía más enfadada ante mi poco tacto con Michael. Mis nervios estaban desatadísimos pero conseguí amarrarlos un poco y contestar a Mike.
–Gracias –conseguí decir tras todo ese tiempo en silencio y malas vibraciones.
–De nada –dijo con la cabeza a gachas.Helena me miró con rabia y se sentó en el sofá invitándonos a tomar lo que nos había servido. Una vez Helena con nosotros, el ambiente se tranquilizó pero yo no dejaba de pensar en el daño que le podía estar causando a Michael con mi arrogancia.
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