Promesas bajo la lluvia: 2) Momento inesperado.
by Natalia on Nov.22, 2009, under amor, desamor, libro, londres, Natalia Martín García, promesas bajo la lluvia, romántica
SEGUNDO CAPÍTULO DE "PROMESAS BAJO LA LLUVIA" ¿TE LO VAS A PERDER? ;)
Ya estábamos a dos paradas de la mía. Yo seguía sin hablar y Mike estaba cada vez más inquieto por la tensión que le producía el no saber que decir.
–Eh Mía… si mañana te apetece y te encuentras un poco más animada podríamos quedar otra vez. Para comer o algo.
Miré a Mike y le asentí con la cabeza.
–Te llamo mañana y te digo.
–Muy bien –se limitó a contestar mi compañero de trabajo Michael.
Anunciaron mi parada y eso me hizo bajar de las nubes.
–Te acompaño –me recordó Mike.
–Muchas gracias de verdad, siento estar hoy tan poco animada pero el perder el bolso por tercera vez y el estar tan cansada por el trabajo me deja sin palabras. Lo único que me hace ponerme un poco más contentilla es lo de Helena. Que suerte ha tenido –sonreí.
–Si, la vedad es que Helena tiene que estar orgullosa.
–Es una gran chica, se lo merece.
Michael abrió su paraguas y nos protegimos de la lluvia que comenzaba a caer de camino a mi apartamento.
–Gracias por acompañarme hasta aquí Mike. Siento hoy haber estado tan rara.
–No te preocupes –me dijo mientras me tocaba la mejilla con su mano derecha ya que la otra mano la tenía ocupada sujetando el paraguas.
–Te debo una. Así que cuando se me pase lo que quiera que me pase quedamos y te invito al cine o algo –sonreí sabiendo que le haría muy feliz aquello.
– ¿De veras?
–Si. Te lo prometo –volví a sonreír dándole un beso en mejilla.
Michael se sonrojó y cuando fue a devolverme el beso yo me puse la capucha de mi chaqueta y me fui hacia la puerta de mi apartamento.
–Nos vemos Mike –me despedí.
El chico estaba un poco desconcertado pero a pesar de evitar su beso el continuó con su sonrisa radiante y me despidió con la mano.
–Nos vemos preciosa –le leí los labios ya que lo dijo sin voz.
Entré en el portal y me quité la capucha. Pulsé al ascensor y tardó muy poco en llegar. Me monté y pulsé el número el diez, la última planta del edificio. Cuando llegué miré mi móvil y había dos llamadas de Helena. La verdad es que aunque hubiese perdido el bolso no pasaba nada porque el móvil, las llaves y la cartera los llevaba siempre encima ya que era de costumbre que perdiera el bolso. Éste solo lo llevaba para guardar algún periódico que me comprase, algún libro o el MP4. La verdad es que llevaba el bolso más bien para hacer bulto y así si me lo robaban no se llevarían gran cosa.
–Mierda no me he dado cuenta de que me ha llamado –dije al ver sus llamadas.
Entré en casa y vi a Helena detrás de la puerta, de pie como una estatua.
– ¡Helena! Qué susto me has dado. ¿Qué haces ahí?
–Esperándote boba. ¿Por qué no me has cogido el teléfono?
–Lo siento pero quedé con Michael y no me di cuenta del móvil. Lo tenía en silencio y acabo de ver las llamadas. ¿Qué querías, era algo sobre el hombre este que pregunta sobre tus cuadros?
–Ahora eso es lo de menos –me contestó rápidamente.
– ¿Qué sucede Helena? Me estás poniendo nerviosa.
–Mira –dijo mientras corría al salón a por una cosa.
Me adentré poco a poco en el salón y vi a Helena cogiendo mi bolso.
– ¡Vaya! ¿Lo has encontrado? Muchísimas gracias Helena pero… creo que eso no es motivo para estar así ¿no?
–Eso quiero decirte pero no me dejas porque no paras de hablar.
Puse los ojos en blanco y me reí.
–Bueno quizá sea yo la que no pare de hablar pero ahora eso no importa. ¿Sabes quién me ha dado esto?
– ¿No lo has encontrado tú?
– ¡No!
– ¿Entonces? –pregunté nerviosa.
–Lo ha traído un chico guapísimo –gritó Helena.
Yo me empecé a reír. ¿Qué más daba que lo hubiese traído un chico guapo? No se donde quería ir a parar mi compañera y amiga Helena.
– ¿Y qué pasa con eso Helena?
–Que ese chico es igual que el chico que me describiste ayer –explicó.
Mi corazón empezó a latir más y más deprisa.
–Bueno pero… habrá muchísimos chicos con esa descripción –contesté hábilmente.
– ¿Y qué lean también el libro de “Romeo y Julieta”?
De nuevo mi corazón volvió a latir con más fuerza haciendo que mil mariposas corrieran de un lado a otro dentro de mi estómago.
– ¿A quién se le ocurre apuntar su dirección en un trozo de papel y dejarlo dentro del bolso? –me preguntó Helena con burla.
– ¡Oh! Ese papel era para Selena. Una compañera el trabajo que me quería mandar cartas cuando se fuese de aquí. Éste es su último año entonces como a ella no le gusta Internet me pidió que le diese eso –le expliqué a mi burlona amiga.
–Eso ahora da igual lo importante es que él chico ha venido aquí.
– ¿Y si fuese él qué más daría? No volveré a verle.
–Le he pedido su número –dijo rápidamente Helena para que no la entendiese bien a la vez que me daba la espalda para evitar mis gritos pero aun así no lo consiguió.
– ¡¿QUÉ HAS HECHO QUÉ?!
–Eres una desagradecida. Encima que te consigo su número…
Me senté en el sofá a recapacitar. Esto se pasaba de castaño oscuro, no podía entender cómo había sucedido todo eso, era algo increíble.
–Ah y hay algo más… –dijo rompiendo el silencio Helena.
Mis ojos se posaron en ella sabiendo que algo más había hecho y eso me cabreaba muchísimo más. Empecé a ponerme de pie para tirarme a por ella para hacerla pagar por lo que había hecho aunque a pesar de todo, le estaba muy agradecida.
–Le dije que quedabais mañana en Hyde Park.
–Se acabó, ¡te mato Helena! –dije abalanzándome sobre ella.
Comencé a hacerla cosquillas ya que era su punto débil. Ella no paraba de intentar separarse de mí pero yo continuaba y continuaba.
–Desagradecida –reía.
–Mal nacida –contesté entre risas.
–A las ocho en Hyde Park –continuó diciendo.
– ¡HELENA!
–Encima que te hago ese favor… –me miró de reojo mi amiga.
– ¡Pero yo no se si es el chico que me encontré!
–Bueno pues si no es así te quedas con este y así te olvidas de ese chico.
– ¿Olvidarle? Pero si a mi no me gusta ese chico.
–Yo no he dicho nada de gustar querida –me dijo poco a poco Helena.
Me sonrojé y Helena se rió.
–Ya veo… no te gusta ¿eh? Tu verás lo que haces pero yo creo que es mejor no mentirte a ti misma, cuanto antes sepas si te has enamorado o no podrás reaccionar ante esa situación.
Decidí guardar silencio. Me quedé sentada en el sofá con las piernas encogidas y mirando a la nada. Helena preparó unas palomitas y puso la película que tanto me gustaba ver.
–Venga Mía, disfruta de la película y deja de pensar en esto ahora –me dijo Helena apoyando su cabeza en mi hombro.
–Gracias por… por todo Helena. Siento haberte dicho que has hecho mal pero si es él el chico… te lo agradeceré siempre.
Ella me guiñó un ojo y nos arropamos con una mantita para ver la película a gusto. La película por muchas veces que la hubiese visto me seguía haciendo reír e incluso llorar. Yo amaba la canción que salía en la película. La canción era “When you say nothing at all” de Ronan Keating. Siempre que tenía ocasión la escuchaba.
–Oye… tú sabes si él… dijo que si a lo de darte el número y a lo de quedar ¿de buenas maneras?
–Claro que si. El tenía una sonrisa increíble en la cara –se rió Helena.
Yo sonreí y miré hacia la pantalla cuando de repente volví a interrumpir.
–Oye Helena, ¿qué vas a hacer con el hombre que quiere comprarte los cuadros?
–Pues enseñarle todos y que me compre los que más le guste. La verdad es que sigo sin creérmelo y con esto que ha pasado de tu bolso no he tenido tiempo de pensar en ello pero bueno, no importa tanto. Lo mío solo es dinero, lo tuyo puede ser una felicidad para siempre.
– ¿Qué sentimental te has vuelto no? –me reí.
–Es lo que tiene echar de menos a la persona que amas.
– ¿Vas a ir a verle este verano?
–Ojala pudiese. No tengo dinero apenas, aunque si este hombre me compra varios cuadros a lo mejor puedo conseguir algo para ir a verle.
– ¿Él no puede venir verdad?
–No… el allí no trabaja. Sus padres le mandan el dinero muy justo siempre –se entristeció.
–Pues entonces véndele los cuadros a ese hombre y consigue el dinero –la animé abrazándola –si ya ha venido alguien preguntando por tus cuadros seguro que vienen muchos más.
–Ojala sea así Mía –sonrió mientras miraba en la pantalla del móvil la foto de su novio.
–Venga, vamos a seguir viendo la película –dije quitando el pause.
La película continuó y las palomitas se acabaron rápido. El bol se quedó encima de la mesita que había enfrente del sofá. La televisión era vieja pero la película se veía genial. El ruido del aire y la lluvia golpeaba con fuerza las ventanas amplias del apartamento. De pronto la canción de Jason Derülo, “Whatcha say” empezó a sonar haciendo que el móvil de Helena se iluminase y vibrase.
–Es Antonio –me dijo con alegría.
Me limité a esbozar una sonrisa y continué viendo la película sola ya que Helena se había ido a hablar con su novio, Antonio. Pasaron veinte minutos cuando Helena apareció de nuevo en el salón dejando el móvil en la mesita.
– ¿Qué parte me he perdido? –preguntó.
–La de cuando Anna (Julia Robets) le lleva el cuadro a William (Hugh Grant) y le dice que le quiere.
– ¿Cuándo él la rechaza?
–Si –asentí.
Ya quedaba poco para que la película finalizase pero ese tiempo se me hizo intenso. Como ya dije, la película la había visto mil veces pero aun así me parecía interesante cada momento. Cuando quise darme cuenta la lluvia había cesado pero el viento continuaba susurrando por las calles de Londres. Era pleno verano pero no se podía evitar las lluvias en esta ciudad.
La película ya estaba acabando, quedaban diez minutos exactamente. Helena se agarró a la manta y sus ojos se humedecieron.
– ¿Vas a llorar? –vacilé.
– ¿Tú no? –me contestó también de modo vacilón.
–Si… –le dije.
–Pues yo no –me sacó la lengua y me sonrió –Esta película es bonita.–Así es –contesté dejando caer unas lágrimas cuando salió la escena en la que William y Anna salían en el banco, William sentado y Anna tumbada acariciando su vientre el cual estaba engendrando a su hijo.
Ya estábamos a dos paradas de la mía. Yo seguía sin hablar y Mike estaba cada vez más inquieto por la tensión que le producía el no saber que decir.
–Eh Mía… si mañana te apetece y te encuentras un poco más animada podríamos quedar otra vez. Para comer o algo.
Miré a Mike y le asentí con la cabeza.
–Te llamo mañana y te digo.
–Muy bien –se limitó a contestar mi compañero de trabajo Michael.
Anunciaron mi parada y eso me hizo bajar de las nubes.
–Te acompaño –me recordó Mike.
–Muchas gracias de verdad, siento estar hoy tan poco animada pero el perder el bolso por tercera vez y el estar tan cansada por el trabajo me deja sin palabras. Lo único que me hace ponerme un poco más contentilla es lo de Helena. Que suerte ha tenido –sonreí.
–Si, la vedad es que Helena tiene que estar orgullosa.
–Es una gran chica, se lo merece.
Michael abrió su paraguas y nos protegimos de la lluvia que comenzaba a caer de camino a mi apartamento.
–Gracias por acompañarme hasta aquí Mike. Siento hoy haber estado tan rara.
–No te preocupes –me dijo mientras me tocaba la mejilla con su mano derecha ya que la otra mano la tenía ocupada sujetando el paraguas.
–Te debo una. Así que cuando se me pase lo que quiera que me pase quedamos y te invito al cine o algo –sonreí sabiendo que le haría muy feliz aquello.
– ¿De veras?
–Si. Te lo prometo –volví a sonreír dándole un beso en mejilla.
Michael se sonrojó y cuando fue a devolverme el beso yo me puse la capucha de mi chaqueta y me fui hacia la puerta de mi apartamento.
–Nos vemos Mike –me despedí.
El chico estaba un poco desconcertado pero a pesar de evitar su beso el continuó con su sonrisa radiante y me despidió con la mano.
–Nos vemos preciosa –le leí los labios ya que lo dijo sin voz.
Entré en el portal y me quité la capucha. Pulsé al ascensor y tardó muy poco en llegar. Me monté y pulsé el número el diez, la última planta del edificio. Cuando llegué miré mi móvil y había dos llamadas de Helena. La verdad es que aunque hubiese perdido el bolso no pasaba nada porque el móvil, las llaves y la cartera los llevaba siempre encima ya que era de costumbre que perdiera el bolso. Éste solo lo llevaba para guardar algún periódico que me comprase, algún libro o el MP4. La verdad es que llevaba el bolso más bien para hacer bulto y así si me lo robaban no se llevarían gran cosa.
–Mierda no me he dado cuenta de que me ha llamado –dije al ver sus llamadas.
Entré en casa y vi a Helena detrás de la puerta, de pie como una estatua.
– ¡Helena! Qué susto me has dado. ¿Qué haces ahí?
–Esperándote boba. ¿Por qué no me has cogido el teléfono?
–Lo siento pero quedé con Michael y no me di cuenta del móvil. Lo tenía en silencio y acabo de ver las llamadas. ¿Qué querías, era algo sobre el hombre este que pregunta sobre tus cuadros?
–Ahora eso es lo de menos –me contestó rápidamente.
– ¿Qué sucede Helena? Me estás poniendo nerviosa.
–Mira –dijo mientras corría al salón a por una cosa.
Me adentré poco a poco en el salón y vi a Helena cogiendo mi bolso.
– ¡Vaya! ¿Lo has encontrado? Muchísimas gracias Helena pero… creo que eso no es motivo para estar así ¿no?
–Eso quiero decirte pero no me dejas porque no paras de hablar.
Puse los ojos en blanco y me reí.
–Bueno quizá sea yo la que no pare de hablar pero ahora eso no importa. ¿Sabes quién me ha dado esto?
– ¿No lo has encontrado tú?
– ¡No!
– ¿Entonces? –pregunté nerviosa.
–Lo ha traído un chico guapísimo –gritó Helena.
Yo me empecé a reír. ¿Qué más daba que lo hubiese traído un chico guapo? No se donde quería ir a parar mi compañera y amiga Helena.
– ¿Y qué pasa con eso Helena?
–Que ese chico es igual que el chico que me describiste ayer –explicó.
Mi corazón empezó a latir más y más deprisa.
–Bueno pero… habrá muchísimos chicos con esa descripción –contesté hábilmente.
– ¿Y qué lean también el libro de “Romeo y Julieta”?
De nuevo mi corazón volvió a latir con más fuerza haciendo que mil mariposas corrieran de un lado a otro dentro de mi estómago.
– ¿A quién se le ocurre apuntar su dirección en un trozo de papel y dejarlo dentro del bolso? –me preguntó Helena con burla.
– ¡Oh! Ese papel era para Selena. Una compañera el trabajo que me quería mandar cartas cuando se fuese de aquí. Éste es su último año entonces como a ella no le gusta Internet me pidió que le diese eso –le expliqué a mi burlona amiga.
–Eso ahora da igual lo importante es que él chico ha venido aquí.
– ¿Y si fuese él qué más daría? No volveré a verle.
–Le he pedido su número –dijo rápidamente Helena para que no la entendiese bien a la vez que me daba la espalda para evitar mis gritos pero aun así no lo consiguió.
– ¡¿QUÉ HAS HECHO QUÉ?!
–Eres una desagradecida. Encima que te consigo su número…
Me senté en el sofá a recapacitar. Esto se pasaba de castaño oscuro, no podía entender cómo había sucedido todo eso, era algo increíble.
–Ah y hay algo más… –dijo rompiendo el silencio Helena.
Mis ojos se posaron en ella sabiendo que algo más había hecho y eso me cabreaba muchísimo más. Empecé a ponerme de pie para tirarme a por ella para hacerla pagar por lo que había hecho aunque a pesar de todo, le estaba muy agradecida.
–Le dije que quedabais mañana en Hyde Park.
–Se acabó, ¡te mato Helena! –dije abalanzándome sobre ella.
Comencé a hacerla cosquillas ya que era su punto débil. Ella no paraba de intentar separarse de mí pero yo continuaba y continuaba.
–Desagradecida –reía.
–Mal nacida –contesté entre risas.
–A las ocho en Hyde Park –continuó diciendo.
– ¡HELENA!
–Encima que te hago ese favor… –me miró de reojo mi amiga.
– ¡Pero yo no se si es el chico que me encontré!
–Bueno pues si no es así te quedas con este y así te olvidas de ese chico.
– ¿Olvidarle? Pero si a mi no me gusta ese chico.
–Yo no he dicho nada de gustar querida –me dijo poco a poco Helena.
Me sonrojé y Helena se rió.
–Ya veo… no te gusta ¿eh? Tu verás lo que haces pero yo creo que es mejor no mentirte a ti misma, cuanto antes sepas si te has enamorado o no podrás reaccionar ante esa situación.
Decidí guardar silencio. Me quedé sentada en el sofá con las piernas encogidas y mirando a la nada. Helena preparó unas palomitas y puso la película que tanto me gustaba ver.
–Venga Mía, disfruta de la película y deja de pensar en esto ahora –me dijo Helena apoyando su cabeza en mi hombro.
–Gracias por… por todo Helena. Siento haberte dicho que has hecho mal pero si es él el chico… te lo agradeceré siempre.
Ella me guiñó un ojo y nos arropamos con una mantita para ver la película a gusto. La película por muchas veces que la hubiese visto me seguía haciendo reír e incluso llorar. Yo amaba la canción que salía en la película. La canción era “When you say nothing at all” de Ronan Keating. Siempre que tenía ocasión la escuchaba.
–Oye… tú sabes si él… dijo que si a lo de darte el número y a lo de quedar ¿de buenas maneras?
–Claro que si. El tenía una sonrisa increíble en la cara –se rió Helena.
Yo sonreí y miré hacia la pantalla cuando de repente volví a interrumpir.
–Oye Helena, ¿qué vas a hacer con el hombre que quiere comprarte los cuadros?
–Pues enseñarle todos y que me compre los que más le guste. La verdad es que sigo sin creérmelo y con esto que ha pasado de tu bolso no he tenido tiempo de pensar en ello pero bueno, no importa tanto. Lo mío solo es dinero, lo tuyo puede ser una felicidad para siempre.
– ¿Qué sentimental te has vuelto no? –me reí.
–Es lo que tiene echar de menos a la persona que amas.
– ¿Vas a ir a verle este verano?
–Ojala pudiese. No tengo dinero apenas, aunque si este hombre me compra varios cuadros a lo mejor puedo conseguir algo para ir a verle.
– ¿Él no puede venir verdad?
–No… el allí no trabaja. Sus padres le mandan el dinero muy justo siempre –se entristeció.
–Pues entonces véndele los cuadros a ese hombre y consigue el dinero –la animé abrazándola –si ya ha venido alguien preguntando por tus cuadros seguro que vienen muchos más.
–Ojala sea así Mía –sonrió mientras miraba en la pantalla del móvil la foto de su novio.
–Venga, vamos a seguir viendo la película –dije quitando el pause.
La película continuó y las palomitas se acabaron rápido. El bol se quedó encima de la mesita que había enfrente del sofá. La televisión era vieja pero la película se veía genial. El ruido del aire y la lluvia golpeaba con fuerza las ventanas amplias del apartamento. De pronto la canción de Jason Derülo, “Whatcha say” empezó a sonar haciendo que el móvil de Helena se iluminase y vibrase.
–Es Antonio –me dijo con alegría.
Me limité a esbozar una sonrisa y continué viendo la película sola ya que Helena se había ido a hablar con su novio, Antonio. Pasaron veinte minutos cuando Helena apareció de nuevo en el salón dejando el móvil en la mesita.
– ¿Qué parte me he perdido? –preguntó.
–La de cuando Anna (Julia Robets) le lleva el cuadro a William (Hugh Grant) y le dice que le quiere.
– ¿Cuándo él la rechaza?
–Si –asentí.
Ya quedaba poco para que la película finalizase pero ese tiempo se me hizo intenso. Como ya dije, la película la había visto mil veces pero aun así me parecía interesante cada momento. Cuando quise darme cuenta la lluvia había cesado pero el viento continuaba susurrando por las calles de Londres. Era pleno verano pero no se podía evitar las lluvias en esta ciudad.
La película ya estaba acabando, quedaban diez minutos exactamente. Helena se agarró a la manta y sus ojos se humedecieron.
– ¿Vas a llorar? –vacilé.
– ¿Tú no? –me contestó también de modo vacilón.
–Si… –le dije.
–Pues yo no –me sacó la lengua y me sonrió –Esta película es bonita.–Así es –contesté dejando caer unas lágrimas cuando salió la escena en la que William y Anna salían en el banco, William sentado y Anna tumbada acariciando su vientre el cual estaba engendrando a su hijo.
Promesas bajo la lluvia: 1) Aquellos ojos...
by Natalia on Nov.22, 2009, under amor, desamor, libro, londres, Natalia Martín García, promesas bajo la lluvia, romántica
AQUÍ OS DEJO EL PRIMER CAPÍTULOS DE "PROMESAS BAJO LA LLUVIA" :)
La tarde se me hacía eterna en estos metros. La gente no para de salir y entrar, todos los asientos estaban ocupados y pocos espacios quedaban libres para la gente que entraba nueva al vagón. Yo estaba de pie al lado de una de las puertas, tenía que agarrarme bien ya que las oleadas de gente me empujaban continuamente.
Una señora mayor entró y se sentó en un asiento que una joven le había cedido, al seguir con la mirada a esa señora no pude evitar fijarme en un chico que estaba al lado sentado. El chico leía un libro de Shakespeare, el libro titulado “Romeo y Julieta”.
–Buen libro –pensé.
Seguí mirando a aquella persona. Llevaba un gorro gris pero su pelo negro azabache podía apreciarse perfectamente ya que asomaban por el borde del gorro. Sus ojos se posaban en las páginas de aquella fantástica historia. Cuando de repente se escuchó las palabras de “próxima parada Hammersmith” y aquel chico levantó la mirada a la vez que cerraba el libro. Me quedé atónita ante aquellos ojos azules. Eran pura belleza.
–Increíble –pensé de nuevo para mis adentros.
El chico de ojos azules se dirigió hasta donde estaba yo haciendo que, tuviese que apartar la mirada de él. Se colocó a mi lado y cuando las puertas se abrieron el chico del gorro gris desapareció entre la multitud. Me agarré de nuevo con fuerza esperando a la próxima parada, la mía.
Llegué a mi apartamento, el cual compartía con una amiga. Ésta era más alta que yo, 1, 73 creo que medía mi amiga. Ella tenía un pelo castaño y ondulado por los hombros. Sus ojos eran verdes pero no eran ni la mitad de hermosos que los del chico del metro. Yo era más bajita que ella, un poco más pero lo era. Tenía un pelo rubio oscuro y por debajo de los hombros. Mis ojos eran de color almendrados.
El apartamento que teníamos mi amiga y yo estaba en enfrente del Big Ben, la verdad es que las vistas que teníamos eran impresionantes. Era un apartamento pequeño pero acogedor. Esta tarde, cuando llegué al apartamento mi amiga estaba pintando un cuadro muy moderno, dando brochazos a todo el lienzo.
–Muy bonito ¿eh? –dije.
–Que graciosa –contestó Helena.
–Es verdad. Es muy original.
–Si no te conociese diría que lo tuyo no son las palabras pero como se que te gusta tanto tener un libro entre manos se que aquí ocurre algo –explicó.
– ¿Qué ocurre algo? Será que no entiendo de arte…
–No boba, que a ti te ha pasado algo hoy.
– ¿A mí? A mí no me ha pasado nada.
–No me engañes Mía que te conozco.
Mi amiga tenía razón. No había parado de pensar en aquel chico desde que le vi. Tenía algo que me hacía pensar en él constantemente. Desde que le vi no había parado de pensar en sus ojos, en su cara, en su sonrisa…
– ¿Mía? –dijo Helena chasqueando sus dedos delante de mi cara para ver si salía del trance que me tenía embelesada.
– ¿Qué? –me sobresalté.
–Que me cuentes que ha pasado hoy –finalizó mi amiga sentándome en el sofá que tenía justo detrás.
– ¿Has conocido a alguien? A que es eso. Seguro que es eso, apuesto lo que quieras a que es eso.
–Tranquilízate Helena, tampoco ha sido para tanto lo que me tiene ensimismada.
– ¡Lo sabía! –gritó mi amiga saltando en el sofá.
–Pero Helena, tranquilízate –me sonrojé.
Mi amiga se sentó ya tranquila a mi lado y le conté lo que me había pasado.
–Entonces me estás diciendo que te has quedado pillada por un tío que lo más seguro es que no le volverás a ver, ¿no?
–Yo no he dicho que me haya quedado pillada, sino que no paro de pensar en él.
–Ya… no te has quedado pillada por él… ¿Y qué más? Me apuesto lo que quieras a que tengo razón.
– ¿En qué, en qué no volveré a verle o en que me he colado por él?
–En todo.
–Venga ya Helena. No le conozco, no puedo enamorarme de alguien que no conozco, solo le he visto y es guapo, ya está.
Helena levantó una ceja y decidió zanjar la conversación. Se fue frente a su lienzo y volvió a dar brochazos contra él. Yo me fui directa a la cocina para preparar algo para cenar.
Después de todo eso Helena llamó por teléfono a su novio, que se encontraba en Gales estudiando ingeniería. Yo por el contrario, no quería hablar con nadie. Me senté al lado de la ventana del salón y contemplé la lluvia desde dentro del apartamento. Las gotas golpeaban el suelo de aquellas calles. Aquel momento melancólico me hizo ver que a pesar de no conocer a ese desconocido sentía mariposas en el estómago al pensar en él.
La noche concluyó rápido y la mañana llegó más pronto de lo que esperaba. Ya tenía que irme a trabajar. Estábamos en verano pero yo necesitaba ahorrar dinero para pagarme los estudios en la universidad. Helena ganaba dinero vendiendo sus cuadros y yo por desgracia tenía que moverme en metro de lunes a sábado para llegar al Starbucks de la calle Oxford Street. La verdad es que había muchísimos Starbucks en aquella inmensa calle pero yo estaba en el Starbucks de al lado de Gap.
Desayuné y me despedí de Helena.
–Hasta luego –me despedí.
–Adiós chica enamorada –me respondió mi compañera de apartamento.
–Mira que es mala –pensé a la vez que me reía.
Llegué al metro y por suerte, estaba el vagón casi vacío. Mire a todos lados por si acaso estaba aquel chico allí. Pero por desgracia no estaba. Me senté y guardé silencio hasta que llegué a mi destino. Allí me bajé a prisa ya que el tiempo se me echaba encima. El tiempo en el metro parecía correr más de la cuenta. Cuando estaba apunto de salir de la boca de metro tanteé mi bolsillo y cogí el billete. Cuando salí del todo de aquel reloj del tiempo fui a coger mi bolso y vi que no lo tenía. Lo había olvidado en el metro.
Preocupada me dirigí hacia el trabajo ya que era imposible encontrar mi bolso. Cuando llegué estaba mi compañero atendiendo a los clientes.
–Llegas tarde –me reprochó de buenas maneras.
–Lo siento Michael pero he perdido el bolso en el metro y eso me ha hecho perder un poco más de tiempo.
–Tienes que tener más cuidado, es el tercer bolso que pierdes en este mes.
Me golpeé la frente con la mano y me dije a mi misma que era verdad. Estaba hecha un desastre.
–No sé donde tendrás la cabeza pero céntrate cuanto antes.
Al decirme eso me puse al lado suyo para seguir atendiendo a los clientes.
–Oye Mía… –me dijo Michael de repente.
–Dime Mike.
–Esta noche… ¿tienes planes? Es sábado y pensé que a lo mejor te apetecía ir a dar una vuelta por ahí y tomar algo.
–Oh… muchas gracias por la invitación pero la verdad es que tenía ganas de irme a casa y ver una película tranquilamente.
–Vaya… bueno… pues si eso mejor otro día –se entristeció.
–Pero bueno por ir a tomar algo primero no pasa nada –sonreí.
– ¿De verdad? Pues entonces cuando acabemos nos vamos a tomar algo –dijo con voz nerviosa Michael.
–Muy bien –volví a sonreír.
Michael era un chico muy simpático, atento y guapo pero nunca me había fijado en él. No se por qué pero no me atraía, solo era un amigo. Mike tenía el pelo corto y rubio y unos ojos verdes muy bonitos la verdad, pero no tan bellos como los del chico del gorro gris.
Yo era una chica Americana, nacida en Nueva Jersey, me vine a Londres a estudiar con mi amiga Helena, la cual venía de Italia pero que conocí en un viaje que hicimos a España allí la conocí y desde entonces hemos mantenido el contacto e incluso, varios años en verano ella venía a mi casa y yo a la suya. Michael por el contrario era nativo de aquí.
Cuando pasó el almuerzo y varias horas de la tarde entraron un grupo de quinceañeros armando mucho jaleo. Por desgracia tuve que atenderles yo e incluso tuve que aguantar sus palabrerías y groserías.
–Vaya con los niños ¿eh? –me dijo Mike mientras preparaba un Frapuccino de vainilla.
–Lo mejor que se puede hacer es ignorarles. Contestarles sería darle más importancia de la que tiene.
–En eso tienes razón –me sonrió Mike –pero de todos modos no me gustan que te hablen así.
–Bueno no te preocupes pero gracias por estar pendiente de mi.
–Faltaría más –halagó.
Pasaron de nuevo las horas corriendo y ya solo quedaban treinta minutos para cerrar.
–Hola, ¿qué desea? –escuché a Michael atender a un cliente mientras yo recogía y limpiaba una mesa.
–Quería un café solo –pidió el cliente.
–Muy bien.
Escuché a la máquina preparar el café y de nuevo el cliente le dirigió la palabra a Mike.
–Oiga, ¿usted conoce a una tal Helena Divella?
Michael se giró para atender de nuevo al cliente.
–Pues no conozco a esa mujer pero sería muy difícil ya que Londres es enorme.
–Lo se pero por preguntar no perdía nada. Es que me han recomendado a esa pintora pero no se dónde encontrarla.
Me sobresalté al escuchar el nombre de mi amiga. ¡Estaban preguntando por Helena!
–Tenga, aquí tiene su café, son dos libras con 15 peniques por favor.
–Aquí tiene.
–Gracias, vuelva cuando quiera y espero que encuentre a esa pintora.
El hombre cogió su café y se sentó en una mesa. Yo me dirigí a él y le pregunté por Helena y me comentó que estaba buscándola porque le habían recomendado sus cuadros entonces, le expliqué que era mi compañera de apartamento. El hombre me pidió que le diese su número de teléfono para quedar con ella y que le enseñase sus cuadros para comprar algunos. Cuando terminé de hablar con el hombre llamé corriendo a Helena y se lo conté. Se puso muy contenta y Michael cuando se enteró también, incluso se sorprendió muchísimo de que fuese mi compañera.
Llegó la hora de cerrar muy rápido, como de costumbre y me fui con Mike a tomar algo a un pub que había allí cerca. Estuvimos poco tiempo porque no me gustaba mucho el ambiente que solía haber. Entonces Michael me acompañó al metro para que no me perdiese ya que antes había perdido el bolso y el me decía que si seguía así acabaría perdida yo en estas grandes bocas de metro.
–Te acompañaré a casa –me dijo.
–No te preocupes.
–En serio, no es ninguna molestia. Lo hago encantado.
–De acuerdo entonces, muchas gracias Mike.
–De nada Mía, por ti hago lo que sea.
Solo se me ocurrió sonreírle y pasar adentro del vagón. De nuevo iba lleno pero no tanto como ayer por la tarde cuando me encontré con aquel chico tan guapo.
– ¿Y qué película vas a ver? –me preguntó Mike intentando sacar un tema de conversación.
–Pues Notting Hill. Se que es una película un poco vieja pero me gusta mucho y así recorro Londres sin tener que coger el metro –me reí.
–Esa película me gustó mucho cuando la vi –me dijo Mike sonriendo.
–Yo no me cansaría de verla nunca. Es preciosa y la verdad es que tiene cosas graciosas –comenté.
–Bueno… –dijo Michael intentando de nuevo sacar un tema al cabo de un tiempo.
Mi mirada se quedó fija en el suelo mientras daba vueltas y vueltas al chico del otro día.
–Veo que hoy no estás muy habladora ¿eh? –me dijo Mike colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja.
–No… la verdad es que no. Hoy no tengo muchas ganas de hablar –me limité a decir.
La tarde se me hacía eterna en estos metros. La gente no para de salir y entrar, todos los asientos estaban ocupados y pocos espacios quedaban libres para la gente que entraba nueva al vagón. Yo estaba de pie al lado de una de las puertas, tenía que agarrarme bien ya que las oleadas de gente me empujaban continuamente.
Una señora mayor entró y se sentó en un asiento que una joven le había cedido, al seguir con la mirada a esa señora no pude evitar fijarme en un chico que estaba al lado sentado. El chico leía un libro de Shakespeare, el libro titulado “Romeo y Julieta”.
–Buen libro –pensé.
Seguí mirando a aquella persona. Llevaba un gorro gris pero su pelo negro azabache podía apreciarse perfectamente ya que asomaban por el borde del gorro. Sus ojos se posaban en las páginas de aquella fantástica historia. Cuando de repente se escuchó las palabras de “próxima parada Hammersmith” y aquel chico levantó la mirada a la vez que cerraba el libro. Me quedé atónita ante aquellos ojos azules. Eran pura belleza.
–Increíble –pensé de nuevo para mis adentros.
El chico de ojos azules se dirigió hasta donde estaba yo haciendo que, tuviese que apartar la mirada de él. Se colocó a mi lado y cuando las puertas se abrieron el chico del gorro gris desapareció entre la multitud. Me agarré de nuevo con fuerza esperando a la próxima parada, la mía.
Llegué a mi apartamento, el cual compartía con una amiga. Ésta era más alta que yo, 1, 73 creo que medía mi amiga. Ella tenía un pelo castaño y ondulado por los hombros. Sus ojos eran verdes pero no eran ni la mitad de hermosos que los del chico del metro. Yo era más bajita que ella, un poco más pero lo era. Tenía un pelo rubio oscuro y por debajo de los hombros. Mis ojos eran de color almendrados.
El apartamento que teníamos mi amiga y yo estaba en enfrente del Big Ben, la verdad es que las vistas que teníamos eran impresionantes. Era un apartamento pequeño pero acogedor. Esta tarde, cuando llegué al apartamento mi amiga estaba pintando un cuadro muy moderno, dando brochazos a todo el lienzo.
–Muy bonito ¿eh? –dije.
–Que graciosa –contestó Helena.
–Es verdad. Es muy original.
–Si no te conociese diría que lo tuyo no son las palabras pero como se que te gusta tanto tener un libro entre manos se que aquí ocurre algo –explicó.
– ¿Qué ocurre algo? Será que no entiendo de arte…
–No boba, que a ti te ha pasado algo hoy.
– ¿A mí? A mí no me ha pasado nada.
–No me engañes Mía que te conozco.
Mi amiga tenía razón. No había parado de pensar en aquel chico desde que le vi. Tenía algo que me hacía pensar en él constantemente. Desde que le vi no había parado de pensar en sus ojos, en su cara, en su sonrisa…
– ¿Mía? –dijo Helena chasqueando sus dedos delante de mi cara para ver si salía del trance que me tenía embelesada.
– ¿Qué? –me sobresalté.
–Que me cuentes que ha pasado hoy –finalizó mi amiga sentándome en el sofá que tenía justo detrás.
– ¿Has conocido a alguien? A que es eso. Seguro que es eso, apuesto lo que quieras a que es eso.
–Tranquilízate Helena, tampoco ha sido para tanto lo que me tiene ensimismada.
– ¡Lo sabía! –gritó mi amiga saltando en el sofá.
–Pero Helena, tranquilízate –me sonrojé.
Mi amiga se sentó ya tranquila a mi lado y le conté lo que me había pasado.
–Entonces me estás diciendo que te has quedado pillada por un tío que lo más seguro es que no le volverás a ver, ¿no?
–Yo no he dicho que me haya quedado pillada, sino que no paro de pensar en él.
–Ya… no te has quedado pillada por él… ¿Y qué más? Me apuesto lo que quieras a que tengo razón.
– ¿En qué, en qué no volveré a verle o en que me he colado por él?
–En todo.
–Venga ya Helena. No le conozco, no puedo enamorarme de alguien que no conozco, solo le he visto y es guapo, ya está.
Helena levantó una ceja y decidió zanjar la conversación. Se fue frente a su lienzo y volvió a dar brochazos contra él. Yo me fui directa a la cocina para preparar algo para cenar.
Después de todo eso Helena llamó por teléfono a su novio, que se encontraba en Gales estudiando ingeniería. Yo por el contrario, no quería hablar con nadie. Me senté al lado de la ventana del salón y contemplé la lluvia desde dentro del apartamento. Las gotas golpeaban el suelo de aquellas calles. Aquel momento melancólico me hizo ver que a pesar de no conocer a ese desconocido sentía mariposas en el estómago al pensar en él.
La noche concluyó rápido y la mañana llegó más pronto de lo que esperaba. Ya tenía que irme a trabajar. Estábamos en verano pero yo necesitaba ahorrar dinero para pagarme los estudios en la universidad. Helena ganaba dinero vendiendo sus cuadros y yo por desgracia tenía que moverme en metro de lunes a sábado para llegar al Starbucks de la calle Oxford Street. La verdad es que había muchísimos Starbucks en aquella inmensa calle pero yo estaba en el Starbucks de al lado de Gap.
Desayuné y me despedí de Helena.
–Hasta luego –me despedí.
–Adiós chica enamorada –me respondió mi compañera de apartamento.
–Mira que es mala –pensé a la vez que me reía.
Llegué al metro y por suerte, estaba el vagón casi vacío. Mire a todos lados por si acaso estaba aquel chico allí. Pero por desgracia no estaba. Me senté y guardé silencio hasta que llegué a mi destino. Allí me bajé a prisa ya que el tiempo se me echaba encima. El tiempo en el metro parecía correr más de la cuenta. Cuando estaba apunto de salir de la boca de metro tanteé mi bolsillo y cogí el billete. Cuando salí del todo de aquel reloj del tiempo fui a coger mi bolso y vi que no lo tenía. Lo había olvidado en el metro.
Preocupada me dirigí hacia el trabajo ya que era imposible encontrar mi bolso. Cuando llegué estaba mi compañero atendiendo a los clientes.
–Llegas tarde –me reprochó de buenas maneras.
–Lo siento Michael pero he perdido el bolso en el metro y eso me ha hecho perder un poco más de tiempo.
–Tienes que tener más cuidado, es el tercer bolso que pierdes en este mes.
Me golpeé la frente con la mano y me dije a mi misma que era verdad. Estaba hecha un desastre.
–No sé donde tendrás la cabeza pero céntrate cuanto antes.
Al decirme eso me puse al lado suyo para seguir atendiendo a los clientes.
–Oye Mía… –me dijo Michael de repente.
–Dime Mike.
–Esta noche… ¿tienes planes? Es sábado y pensé que a lo mejor te apetecía ir a dar una vuelta por ahí y tomar algo.
–Oh… muchas gracias por la invitación pero la verdad es que tenía ganas de irme a casa y ver una película tranquilamente.
–Vaya… bueno… pues si eso mejor otro día –se entristeció.
–Pero bueno por ir a tomar algo primero no pasa nada –sonreí.
– ¿De verdad? Pues entonces cuando acabemos nos vamos a tomar algo –dijo con voz nerviosa Michael.
–Muy bien –volví a sonreír.
Michael era un chico muy simpático, atento y guapo pero nunca me había fijado en él. No se por qué pero no me atraía, solo era un amigo. Mike tenía el pelo corto y rubio y unos ojos verdes muy bonitos la verdad, pero no tan bellos como los del chico del gorro gris.
Yo era una chica Americana, nacida en Nueva Jersey, me vine a Londres a estudiar con mi amiga Helena, la cual venía de Italia pero que conocí en un viaje que hicimos a España allí la conocí y desde entonces hemos mantenido el contacto e incluso, varios años en verano ella venía a mi casa y yo a la suya. Michael por el contrario era nativo de aquí.
Cuando pasó el almuerzo y varias horas de la tarde entraron un grupo de quinceañeros armando mucho jaleo. Por desgracia tuve que atenderles yo e incluso tuve que aguantar sus palabrerías y groserías.
–Vaya con los niños ¿eh? –me dijo Mike mientras preparaba un Frapuccino de vainilla.
–Lo mejor que se puede hacer es ignorarles. Contestarles sería darle más importancia de la que tiene.
–En eso tienes razón –me sonrió Mike –pero de todos modos no me gustan que te hablen así.
–Bueno no te preocupes pero gracias por estar pendiente de mi.
–Faltaría más –halagó.
Pasaron de nuevo las horas corriendo y ya solo quedaban treinta minutos para cerrar.
–Hola, ¿qué desea? –escuché a Michael atender a un cliente mientras yo recogía y limpiaba una mesa.
–Quería un café solo –pidió el cliente.
–Muy bien.
Escuché a la máquina preparar el café y de nuevo el cliente le dirigió la palabra a Mike.
–Oiga, ¿usted conoce a una tal Helena Divella?
Michael se giró para atender de nuevo al cliente.
–Pues no conozco a esa mujer pero sería muy difícil ya que Londres es enorme.
–Lo se pero por preguntar no perdía nada. Es que me han recomendado a esa pintora pero no se dónde encontrarla.
Me sobresalté al escuchar el nombre de mi amiga. ¡Estaban preguntando por Helena!
–Tenga, aquí tiene su café, son dos libras con 15 peniques por favor.
–Aquí tiene.
–Gracias, vuelva cuando quiera y espero que encuentre a esa pintora.
El hombre cogió su café y se sentó en una mesa. Yo me dirigí a él y le pregunté por Helena y me comentó que estaba buscándola porque le habían recomendado sus cuadros entonces, le expliqué que era mi compañera de apartamento. El hombre me pidió que le diese su número de teléfono para quedar con ella y que le enseñase sus cuadros para comprar algunos. Cuando terminé de hablar con el hombre llamé corriendo a Helena y se lo conté. Se puso muy contenta y Michael cuando se enteró también, incluso se sorprendió muchísimo de que fuese mi compañera.
Llegó la hora de cerrar muy rápido, como de costumbre y me fui con Mike a tomar algo a un pub que había allí cerca. Estuvimos poco tiempo porque no me gustaba mucho el ambiente que solía haber. Entonces Michael me acompañó al metro para que no me perdiese ya que antes había perdido el bolso y el me decía que si seguía así acabaría perdida yo en estas grandes bocas de metro.
–Te acompañaré a casa –me dijo.
–No te preocupes.
–En serio, no es ninguna molestia. Lo hago encantado.
–De acuerdo entonces, muchas gracias Mike.
–De nada Mía, por ti hago lo que sea.
Solo se me ocurrió sonreírle y pasar adentro del vagón. De nuevo iba lleno pero no tanto como ayer por la tarde cuando me encontré con aquel chico tan guapo.
– ¿Y qué película vas a ver? –me preguntó Mike intentando sacar un tema de conversación.
–Pues Notting Hill. Se que es una película un poco vieja pero me gusta mucho y así recorro Londres sin tener que coger el metro –me reí.
–Esa película me gustó mucho cuando la vi –me dijo Mike sonriendo.
–Yo no me cansaría de verla nunca. Es preciosa y la verdad es que tiene cosas graciosas –comenté.
–Bueno… –dijo Michael intentando de nuevo sacar un tema al cabo de un tiempo.
Mi mirada se quedó fija en el suelo mientras daba vueltas y vueltas al chico del otro día.
–Veo que hoy no estás muy habladora ¿eh? –me dijo Mike colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja.
–No… la verdad es que no. Hoy no tengo muchas ganas de hablar –me limité a decir.
Promesas bajo la lluvia
by Natalia on Nov.22, 2009, under amor, libro, londres, Natalia Martín García, promesas bajo la lluvia, romántica

Promesas bajo la lluvia es un libro de amor, el primero que escribo fuera de la fantasía y la magia pero aun así, el libro sigue siendo emocionante.
La historia sucede en Londres, cuando una chica se fija en un chico de ojos azules que cambiará su vida para siempre.
Aquí os dejo la sinopsis (en este caso, es un fragmento del libro):
–¿Por qué he haces esto? –pregunté entre lágrimas.
–Porque te quiero –contestó dando un paso hacia mí.
–Nunca conseguiré entenderte –suspiré.
Agaché la cabeza con la capucha puesta protegiéndome de ese modo de la lluvia. Él se acercó y me protegió más aun del agua.
–Nunca podré entenderme a mi mismo si tú no estás conmigo –me dijo poniendo su mano sobre mi nuca acercándome a su pecho la cabeza.
Mis lágrimas brotaban de nuevo por mi rostro mientras el viento azotaba nuestros cuerpos.
–Yo siempre estaré contigo –contesté abrazándole.
–Entonces algún día podré dejar de ser un estúpido y disfrutar de la persona más maravillosa del mundo.
Me abracé a él más fuerte y notaba su fuerte respiración.
–Te quiero –me dijo besándome en la frente. Seguidamente se separó de mi y desapareció entre la multitud de la gente.
La historia sucede en Londres, cuando una chica se fija en un chico de ojos azules que cambiará su vida para siempre.
Aquí os dejo la sinopsis (en este caso, es un fragmento del libro):
–¿Por qué he haces esto? –pregunté entre lágrimas.
–Porque te quiero –contestó dando un paso hacia mí.
–Nunca conseguiré entenderte –suspiré.
Agaché la cabeza con la capucha puesta protegiéndome de ese modo de la lluvia. Él se acercó y me protegió más aun del agua.
–Nunca podré entenderme a mi mismo si tú no estás conmigo –me dijo poniendo su mano sobre mi nuca acercándome a su pecho la cabeza.
Mis lágrimas brotaban de nuevo por mi rostro mientras el viento azotaba nuestros cuerpos.
–Yo siempre estaré contigo –contesté abrazándole.
–Entonces algún día podré dejar de ser un estúpido y disfrutar de la persona más maravillosa del mundo.
Me abracé a él más fuerte y notaba su fuerte respiración.
–Te quiero –me dijo besándome en la frente. Seguidamente se separó de mi y desapareció entre la multitud de la gente.
Lágrimas de cristal (Lágrimas de cristal I)
by Natalia on Nov.22, 2009, under amor, aventura, fantasía, Lágrimas de cristal, libro, magia, Natalia Martín García, trilogía
Lágrimas de cristal es mi primer libro publicado, os dejo la sinopsis y algo más de información para aquellos interesados =) Es un libro de fantasía, magia, amor y aventura.

Luna, una joven adolescente, pasa por unos acontecimientos que harán que su vida de un giro, la muerte de su padre y la ruptura entre ella y su novio. Por ello, su madre decide enviarla con sus tíos a vivir una temporada, ya que no puede cuidar de ella por motivos de trabajo, allí no sabe que hacer pero un día se encuentra una vieja librería, en la que conoce a un chico un poco extraño, el cual le cuenta una historia que la deja aturdida, ella intentará averiguar que secreto oculta el chico misterioso y sus amigos; tras varios días descubre que tiene un don al igual que ellos y que eso tiene que ver con su padre, pero una fuerza superior les acecha. Luna volverá a sentir algo que dio por perdido para siempre, el amor ¿Podrá el malvado Escorpio acabar con ellos? ¿Qué relación habrá entre el don y la muerte de su padre? ¿Podrá Luna amar tanto a alguien como para entregar su vida a cambio?
EDITORIAL: ECU (Editorial Club Universitario)
TÍTULO: Lágrimas de cristal
AUTORA: Natalia Martín García
ISBN: 978-84-8454-904-8
PRECIO: 10 €

Luna, una joven adolescente, pasa por unos acontecimientos que harán que su vida de un giro, la muerte de su padre y la ruptura entre ella y su novio. Por ello, su madre decide enviarla con sus tíos a vivir una temporada, ya que no puede cuidar de ella por motivos de trabajo, allí no sabe que hacer pero un día se encuentra una vieja librería, en la que conoce a un chico un poco extraño, el cual le cuenta una historia que la deja aturdida, ella intentará averiguar que secreto oculta el chico misterioso y sus amigos; tras varios días descubre que tiene un don al igual que ellos y que eso tiene que ver con su padre, pero una fuerza superior les acecha. Luna volverá a sentir algo que dio por perdido para siempre, el amor ¿Podrá el malvado Escorpio acabar con ellos? ¿Qué relación habrá entre el don y la muerte de su padre? ¿Podrá Luna amar tanto a alguien como para entregar su vida a cambio?
EDITORIAL: ECU (Editorial Club Universitario)
TÍTULO: Lágrimas de cristal
AUTORA: Natalia Martín García
ISBN: 978-84-8454-904-8
PRECIO: 10 €
Sombras de la noche (Lágrimas de cristal II)
by Natalia on Nov.22, 2009, under amor, aventura, fantasía, Lágrimas de cristal, libro, Natalia Martín García, trilogía
La segunda entrega de la aventura de Luna y Leo ya está en camino, la editorial ya está maquetando todo y dentro de poco podréis volver a sus aventuras.
Aquí os dejo la sinopsis y la portada provisional (la que hice yo xD):

Tras la aventura ocurrida en verano, Luna y sus compañeros comienzan las clases para sacarse el curso como alumnos normales. Pero un nuevo mal les acecha, la chica de ojos blancos no deja de perseguir a Luna poniendo su vida siempe a riesgo, la chica quiere matarla pero Leo y los demás harán lo posible para proteger a Luna de este nuevo peligro. No obstante, otros peligros ponen en peligro a los humanos, como la novia de Neptuno, Eric el nuevo amigo de Luna o Larry el librero el cual conoce mucho sobre el secreto de Luna y los demás. Rex, el chico más odiado por Luna, estará cada vez más cerca de su secreto. La aventura envolverá una gran historia llena de misterio, respuestas y más preguntas por resolver. ¿Qué pretende Cáncer, la chica de ojos blancos? ¿Por qué quiere acabar con la inocente Luna? ¿Conseguirá Rex descubrir el secreto que intentan ocultar Luna y los demás? ¿Cuál serán las intenciones de la otra amenaza que pretende involucrar a los humanos en la guerra entre los portadores de los elementos?
Aquí os dejo la sinopsis y la portada provisional (la que hice yo xD):

Tras la aventura ocurrida en verano, Luna y sus compañeros comienzan las clases para sacarse el curso como alumnos normales. Pero un nuevo mal les acecha, la chica de ojos blancos no deja de perseguir a Luna poniendo su vida siempe a riesgo, la chica quiere matarla pero Leo y los demás harán lo posible para proteger a Luna de este nuevo peligro. No obstante, otros peligros ponen en peligro a los humanos, como la novia de Neptuno, Eric el nuevo amigo de Luna o Larry el librero el cual conoce mucho sobre el secreto de Luna y los demás. Rex, el chico más odiado por Luna, estará cada vez más cerca de su secreto. La aventura envolverá una gran historia llena de misterio, respuestas y más preguntas por resolver. ¿Qué pretende Cáncer, la chica de ojos blancos? ¿Por qué quiere acabar con la inocente Luna? ¿Conseguirá Rex descubrir el secreto que intentan ocultar Luna y los demás? ¿Cuál serán las intenciones de la otra amenaza que pretende involucrar a los humanos en la guerra entre los portadores de los elementos?
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