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Promesas bajo la lluvia: 7) Noche eterna.

by Natalia on Nov.22, 2009, under , , , , ,

CAPÍTULO 7, PROMESAS BAJO LA LLUVIA, ¿TE LO VAS A PERDER?

–Espero que no te resfríes, te has mojado mucho –le dije.
–Tranquila, no me pasará nada.

Llegamos a mi portal, Jeremy me deseó las buenas noches y sin más complicaciones se fue.

–Hasta otra Mía, ha sido una tarde maravillosa –me dijo antes de irse.

Le observé cómo se alejaba rápidamente ya que la lluvia caía con fuerza. Podía haberle ofrecido un paraguas, podría haberle invitado a pasar, podría haberle ofrecido muchas cosas pero no fui capaz de ofrecerle nada. El se despidió y yo no le dije nada. Subí escaleras arriba, no tenía ganas de llegar arriba para contarle mis penas a Helena. Por una vez, no estaba segura de hablar con ella, no quería hablar más del tema por hoy, pero creo que sería imposible disimular lo que me pasaba con mi mejor amiga, a ella no se le escapaba nunca nada de lo que me pasaba. Cuando estaba apunto de llegar arriba me senté en las escaleras y comencé a llorar desconsoladamente. Entonces me di cuenta de que Jeremy me había dejado chaqueta y no se la había llevado, ahora tendría que quedar con él para devolvérsela. Por una parte estaba feliz por ello pero por la otra parte no. Ya mencioné antes, que no sabía exactamente que quería. Cuando estaba llorando en las escaleras mi móvil sonó y era una llamada perdida de Mike, eso fue la gota que colmó el vaso, no aguantaba más, ¿qué debía hacer? ¿Luchar por Jeremy o darle la oportunidad a Michael? Me soné la nariz con un pañuelo y me levanté. Ya era hora de que llegase a casa, Helena seguro que estaba deseando saber que había pasado con el chico del metro. Abrí la puerta y vi todo a oscuras.

– ¿No estará Helena? –pensé.

Me adentré más y observé la luz de la habitación encendida, allí estaba ella, hablando por teléfono con su novio. En cuanto me vio aparecer ella se levantó de la cama y le dijo a su novio que tenía que colgar, rápidamente así hizo y se acercó a mí.

– ¿Mía qué te pasa? ¿Por qué traes esa cara? ¿No era el chico del gorro gris verdad?–Ese es el problema Helena… sí era él –lloré tapándome la cara con las manos.–Mía, ¿qué ha pasado? No deberías llorar si era él.–Lloro porque no sé que hacer, ahora no sé que hacer con Mike y con Jeremy.– ¿Se llama Jeremy? Me encanta ese nombre –sonrió.

Yo no levanté la cabeza de mis manos, Helena me ayudó a sentarme en la cama y me abalancé sobre los brazos que tantas veces habían soportado mis lágrimas.

–Siento haberte liado tanto con Mike, si yo no hubiese hecho nada quizá ahora estarías mejor… –se disculpó mi amiga.
–Tú no has hecho nada malo Helena, sólo que yo no sé que hacer… creo que ahora si quiero a Mike pero a la vez siento algo más por Jeremy –me interrumpí para sonarme la nariz de nuevo y para secarme las lágrimas que salían de mis ojos como agua de una gran catarata.
–Queda más veces con cada uno y así sabrás quién te hace sentir mejor en cada momento y más ahora que estás dolida, si alguno se da cuenta de que estás mal y sabe tratarte como te mereces será el chico que de verdad te merezca.
–Pero el problema Helena es, que a Jeremy yo no le gusto.
–Eso tú no lo sabes –me dijo.
–Claro que lo sé.
–Prueba esta semana y ya me dirás.

Le expliqué a mi amiga que Jeremy estaba aquí de viaje y que pronto se iría pero ella me dijo que si él se enamoraba de mí se quedaría aquí. Si ella lo decía seguro que era verdad, mi mejor amiga tenía un don con todo aquello.

–Helena gracias por todo –le dije.
–De nada pequeña –me contestó con alegría.

Cuando me acordé le pregunté por su venta, Helena era una chica que le encantaba ayudar a los demás y por muy interesante que hubiese sido su día, ella prefería escucharte a ti antes que hablar ella. Me dijo que había vendido siete cuadros, tres de ellos ya pintados y los demás en proceso. Dentro de dos semanas el hombre vendría a recogerlos todos.

– ¿Entonces tendrás dinero para ir a ver a tu novio? –le dije con alegría.
– ¡Sí! –gritó ella de alegría.
–Me alegro por ti Helena –le dije con entusiasmo.
–Bueno Mía, lo que tienes que hacer ya lo sabes, esta semana ves qué tal te va con ambos y a raíz de eso, ya te decidirás.
–Gracias –le dije de nuevo.Cogí el móvil y a la vez fui a por la agenda del salón.
–Ahora mismo encargo una pizza y te invito, tenemos que celebrar tu gran ascenso en el arte de alguna manera.
–No hace falta –dijo Helena.
–Claro que si –marqué el número y encargué la pizza.

Helena se fue a la ducha mientras traían la pizza, yo como de costumbre, me puse a mirar por la ventana. La lluvia azotaba cada fachada, caía con fuerza sobre el Big Ben, dejaba las calles llenas de agua y la gente paseaba a pesar de la lluvia con paraguas, en coche y en autobús. Vi a muchas parejas en poco tiempo paseando por esta calle de Londres. Yo no dejé de pensar en Mike y en Jeremy. Hice caso a Helena y me decidí a estar esta semana con los dos y el que mejor me tratase se llevaría mi corazón o al menos eso es lo que pretendía yo. La verdad es que tenía más pros con Michael que con Jeremy pero los pocos que tenía con Jeremy hacía que fuese mejor que Mike, ya que con Mike tenía muchísimos contras. Mike de nuevo volvió a darme una perdida al móvil haciendo que mi corazón se acelerase.

–Sorpresa Mike –dije mientras le mandaba un mensaje a Michael que ni el se esperaría. Le dije que le echaba de menos y que tenía ganas de volver a verle mañana. Le deseé buenas noches y le dije que mañana comeríamos juntos e incluso le invitaría a tomar algo después del trabajo.

Michael me contestó en poco tiempo, me dijo tal y como yo sabía, que no se esperaba que le mandase un SMS. También me dijo que me echaba de menos y que mañana sería un día maravilloso ya que lo pasaría conmigo.

–Es un cielo –me dijo poniendo cara de enamorada pero entonces, algo interrumpió aquella sensación de felicidad. Era un mensaje de Jeremy.

Eso si que me sorprendió, cada vez que intentaba sentir algo más por Mike, Jeremy aparecía de alguna manera.

– ¿Lo leo? –me dije con temor. No quería abrirlo, me daba mucho miedo enfrentarme a sus palabras.–Deberías leerlo –me sorprendió mi amiga.

Al sobresaltarme mi móvil casi se cae de nuevo al suelo, miré a Helena y ella me asintió con la cabeza. Quería mirarlo pero entonces la sensación que sentía ahora por Mike seguro que cambiaba de nuevo, me estaba volviendo loca.

–Me da miedo mirarlo –le expliqué a mi compañera de piso.
– ¿Quieres que lo mire por ti?
–No estaría mal.
– ¿Enserio? Recuerda que soy muy cotilla… –vaciló Helena.
–Si, quiero que lo leas tú primero –contesté decididamente mientras le ofrecía el móvil.

Mi amiga le dio a leer después de sentarse en el sofá. Yo la observé de reojo, me daba miedo saber que ponía en el mensaje de texto que el chico del metro me había mandado.

– ¿Qué me habrá escrito en el mensaje? –pensé con curiosidad.

Por un instante dejé de vigilar a Helena, no quería mirar más a la realidad, quería esconderme. Ahora mismo sentía por fin la sensación que tanto tiempo llevaba sintiendo mi amigo Mike por mí. Jamás había pensando en lo mal que lo habría podido pasar mi compañero de trabajo, ese sentimiento de vacío y desesperación hacía que las lágrimas brotasen instintivamente de mis ojos. Nunca antes había llegado a sentir nada por nadie en tampoco tiempo, o quizá, nada por nadie… nunca. No me había atrevido a adentrarme en el mundo del amor, se decía que era tan doloroso y cruel que no quería enfrentarme a él, a pesar de que mi amiga Helena me dijese que todo era maravilloso porque todas las personas, primero decían que era lo más bonito del mundo y después, antes de que te dieses cuenta, todo era amargo y oscuro. Nadie conseguía ser feliz tras haber sufrido una ruptura, todo el mundo lloraba en cada esquina, todos aquellos que sufrían desengaños querían dejar de vivir, no encontraban la razón de seguir hacia a delante.
Yo veía felices a muchas parejas pero el pensar en qué doloroso podría ser ese corazón roto no me atreví a entrar en las puertas del amor. Ahora, por fin había cruzado esa puerta, ahora ya tenía los pies en aquellas tierras aparentemente de color rosa, pero en cuanto te fijabas más lo único que se veía era la puerta cerrada para no salir y todo nublándose poco a poco, el temor, los celos y la tristeza se apoderan de ti. Por ello, debemos encontrar a alguien que nos haga salir de ahí y que nos haga levantarnos siempre que caigamos a la ciénaga de los corazones rotos.
Todo era muy contradictorio, los felices decían que el amor era fantástico e indescriptible, por otro lado, los infelices y desdichados decían que el amor era lo peor del mundo ya que si hay amor, tarde o temprano habrá que sufrir las consecuencias, porque no se puede ser feliz eternamente.

–Mía… –me dijo Helena con los ojos húmedos.Me giré lentamente porque no quería saber que ponía.
–Tienes que leerlo… –continuó diciendo con los ojos llorosos.

Tragué saliva y conseguí hablar al poco tiempo.

–Lo leeré, pero primero dime, ¿es malo?–Léelo –se limitó a decir mi amiga italiana.

Me acerqué a ella a paso lento, mi respiración se entrecortaba, estaba temblando de la emoción, ahora mi mente estaba ocupada por Jeremy, la misma mente que minutos antes había estado ocupada por el otro chico que llevaba tanto tiempo siendo mi amigo y compañero de trabajo. Me senté en el brazo del sofá, al lado de Helena y ella me extendió la mano para que yo cogiese el móvil y leyese por fin aquel mensaje del chico del gorro gris.

–Te dejo sola leyéndolo, es largo –me dijo Helena mientras se levantaba y se iba a la habitación para dejarme intimidad para poder leerlo a pesar de que ella ya lo hubiese leído.

Hola Mía, espero no molestarte a estas horas con el mensaje. Sólo quería decirte que he pasado una tarde maravillosa y que cuando tú desees estaré disponible para quedar contigo y tomar algo. El día de hoy no lo olvidaré, ha sido el mejor día de todo este verano… el mejor día de toda mi vida. No quiero que este mensaje haga que nuestra reciente relación como amigos lo estropee, lo único que quería decirte es que me acuerdo de ti y que me encantaría verte más veces, si por mí fuera, me encantaría que perdieses más bolsos, así podría ir a devolvértelos siempre. No te molesto más, con cariño, tú reciente amigo pero duradero:

Jeremy :)

–Oh… –suspiré con lágrimas en los ojos.

Me levanté y me dirigí a la habitación a hablar con mi amiga Helena. Ella estaba tumbada en la cama esperando a que yo dijese algo.

– ¿Y bien? –me preguntó ella deseando escuchar mi opinión.
–Es un cielo… –tartamudeé.
– ¿Mike alguna vez te había mando un mensaje así?
–Me ha mandado algún mensaje insinuando que me quiere pero nunca tan directo y tan profundo como éste… –continué temblando.
–Prueba esta semana –me volvió a decir mi mejor amiga.

Yo asentí mientras me sentaba en mi cama y dejaba el móvil en la mesilla de noche. Era increíble lo que me había pasado en tan poco tiempo, no sabía que hacer, cuando conocí a Jeremy me dije a mi misma que estaba enamorada de él pero no se puede enamorar nadie de alguien tan pronto, no le conozco. Mi cabeza decía que le quería pero mi corazón no sabía exactamente que decía, no sabía si decía el nombre de Michael o el nombre de Jeremy.

–Será mejor que hoy descanses –me dijo Helena seguidamente del ruido del telefonillo ya que habían llamado.
–Cenamos y me iré a dormir –asentí.
–Será lo mejor –sonrió mi amiga perdiéndose entre las sombras del salón.
–Será lo mejor… –repetí.

Helena me llamó cuando ya tenía la pizza en la mesa del salón para cenar. Yo no tardé en ir, dejé el móvil en la mesilla para olvidarme un rato de todo aquello y me senté junto a ella a ver las noticias.

–Gracias por no dejarme sola nunca –le dije mientras cogía una porción de pizza.
–Gracias a ti por haberme tratado tan bien todos estos años, sin ti no sabría que es la amistad –me sonrió de nuevo la chica de ojos verdes.
–Y yo sin ti tampoco sabría que es la amistad.
–Ahora lo único que te falta y en lo que yo no puedo ayudarte más, es en saber a quien amas de verdad.
–No quiero pensar en eso ahora… a Mike nunca he conseguido quererle más que a un amigo y a Jeremy le acabo de conocer… pero haré lo que me dijiste, esta semana será decisiva.

Mi amiga esbozó una sonrisa y mordió un buen trozo de su porción de pizza. El tiempo de nuevo pasó rápido y entre las dos recogimos lo que sobró de la cena y nos fuimos a la habitación a dormir.
–Descansa Mía, mañana será un nuevo día.
–Igualmente Helena, descansa –me limité a decir.

Me encogí y me puse mirando hacia la pared, observé durante un tiempo la foto que había justo delante de mí, una foto de Michael. Era muy guapo, tenía un cuerpo increíble pero a veces su forma de ser no me agradaba mucho, podía ser muy amable y romántico pero a veces era de lo más desagradable. En cambio, Jeremy tenía cosas positivas, aunque no le conocía apenas sabía que él tenía más cosas buenas.

– ¿Michael o Jeremy? –pensé cerrando los ojos.

La noche concluyó ahí, mi cabeza no paraba de pensar en lo mismo y mi corazón no se decidía, tenía que dar tiempo al tiempo para conocer más a Jeremy y para ver cómo se comportaría Mike al verme a mí tan cerca de él. Esta semana sería una cuenta atrás, sólo quedaban tres semanas para que acabase el verano y en ese tiempo, tenía que decidir si Jeremy sería mejor que Mike o no. Si en esas tres semanas no me decidía, Jeremy se iría y si yo sintiese algo por él, el dolor me consumiría.
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