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Promesas bajo la lluvia: 8) Mike.

by Natalia on Nov.22, 2009, under , , , , , ,

CAPÍTULO 8, ¿TE LO VAS A PERDER?

–Venga dormilona, vas a llegar tarde –me dijo Helena quitándome las sábanas para que me despertase.
–Un rato más.
–Venga Mía, que llevas de retraso media hora.
– ¿Media hora? –me sobresalté.
–Así es, o vuelas o no llegarás a tu hora al trabajo –me explicó Helena como sino lo hubiese entendido.
–El jefe me echa… –dije levantándome a toda prisa y corriendo hacia mi armario – ¿Cómo es que no me has despertado antes? –me enfurecí.
–Lo intenté, pero me tiraste la almohada.
–Oh… –me lamenté.

Helena ya me tenía preparado el desayuno pero no me paré a tomármelo, me fui en ayunas corriendo al metro.

–Que pases un buen día –me gritó Helena cuando estaba cerrando la puerta.

Llamé al ascensor pero éste estaba ocupado así que corrí escaleras abajo.

–Llego tarde, llego tarde… –decía sin parar.

La lluvia caía con fuerza en las calles de Londres, yo corría sin parar sobre aquellas húmedas calles. Cuando llegué al metro vi que estaba cerrada por reforma.

–Mierda… –susurré mirando alrededor buscando una solución.

Me fijé en un taxi que pasaba justo por delante de mí, así que no me lo pensé dos veces, corrí y cogí el taxi.

–A Oxford Street por favor –dije.
El taxista me llevó a mi paradero en poco tiempo a pesar del tráfico producido por la lluvia.

–Muchas gracias –dije mientras pagaba.

Corrí de nuevo sin parar hacia mi trabajo. Llegaba veinte minutos tarde.

–Hola –dije entrando deprisa al Starbucks.
–Mía… has vuelto a llegar tarde, menos mal que el jefe no ha llegado aun y no sabrá si has llegado tarde o no –me regañó Mike mientras servía a una señora.
–Lo siento, me quedé dormida.
– ¿Se puede saber qué te pasa? Llevas unos días muy rara.
– ¿No te quedó claro mi mensaje de anoche? –me enfadé ante su mal genio.

El chico guardó silencio y cuando acabó de servir a la señora se acercó a mi lo más que puso a pesar de estar el mostrado entre los dos.

–Eso es lo más extraño Mía, que no se cómo has cambiado tanto de la noche a la mañana.
–Pensé que te gustó el mensaje –me enfadé.

Me fui a cambiar la ropa para ponerme el uniforme. Cuando volví a atender a los clientes Michael se acercó de nuevo a mí para seguir hablando.

–Estoy encantado de que pienses así ahora Mía pero… llevo tanto tiempo esperando y de repente tú cambias de opinión. Igual que el otro día… estabas muy cariñosa y después me evitas, no te entiendo Mía.

Michael tenía razón, quizá estaba precipitándome demasiado pero el tiempo de conocer más a fondo a Jeremy se me echaba encima.

–Lo siento Michael pero es que quiero darte una oportunidad, siempre me he cerrado mucho y creo que tendría que ser más amable y abrir más mi corazón a la gente que lo desea, quizá así lo acaben conquistando quienes lo deseen.
– ¿Enserio? –preguntó atónito Mike.
– ¿Tú me quieres Mike? –pregunté sin rodeos.
–Mía… –se quedó perplejo de nuevo mi compañero.

Un señor nos interrumpió y Mike tuvo que atenderle, para no tener más interrupciones le dije que después del trabajo hablaríamos tranquilamente. Observé durante todo el día a Mike, su forma de comportarse con los demás, su manera de hablar… le observé todo para ver en que se equivocaba pero parecía ser que hoy, por lo menos, no se equivocó en nada. Era educado, amable, paciente… hoy era todo lo que se podía pedir para un chico perfecto. Se que a veces era un poco ambicioso y varias cosas más pero, creo, que eso podía cambiar si tuviese a alguien quien le hiciese feliz del todo.

–Vamos a cerrar dentro de diez minutos –les recordé a unos señores que aun no sabían que pedir a pesar de llevar casi veinte minutos mirando los cafés.
–Mía, ¿vamos ahora a Green Park y hablamos? –me susurró Michael para que nadie lo escuchase ya que había muy poca gente ya en el local.
–De acuerdo –contesté.

La hora de cerrar llegó, los señores se fueron si tomar nada y la pareja que había en el local se fue al poco tiempo de irse ellos. Por fin el Starbucks estaba vacío y podíamos cerrar. Cuando otro compañero nuestro cerró Michael y yo nos refugiamos bajo su paraguas ya que chispeaba un poco.

–Parece que ya llueve menos que antes –objeté.
–Si, esta mañana llovía muchísimo.

Llegamos a Green Park y la lluvia había cesado. Durante todo el camino Michael y yo no habíamos dicho nada, habíamos esperado a llegar aquí para hablarlo todo.

– ¿Y bien…? –comenzó diciendo Mike adelantándose.
–Creo que tienes algo que contestar –dije.
Mike no dijo nada, fijó su mirada en una ardilla que trepaba por un árbol.
–Mike, contéstame –le rogué.
– ¿Cómo puedes preguntarme algo evidente?

Enmudecí unos segundos, pero me armé de valor y contesté.

–Llevas mucho tiempo esperando, quizá te habrías cansado de esperar.
–Por ti esperaría lo que fuese Mía, lo que no entiendo es lo que pasa ahora por tu cabeza. Llevas años siendo sólo mi amiga, nunca has querido nada conmigo… aunque tampoco con nadie más.

No sabía que contestarle.

–A veces pienso que eres como tu hermana… a lo mejor lo que te pasa es eso, que no te gustan los chicos, no te preocupes por eso, es algo normal, cada uno tiene que querer a quien quiera, da igual lo que sea.
– ¡Mike! –le dije.
–No te enfades Mía.
–No me enfado, tienes tus motivos para pensar eso –le contesté acercándome poco a poco a él.
– ¿Tú… me quieres Mía?

Mi corazón debería haberse acelerado ante aquella pregunta pero no lo hizo. Ahora mi corazón no sabía donde estaba, ante esa situación esta sólo yo. Ni mi corazón ni mi mente se querían meter en aquello, tenía que hacer lo que de verdad saliese de dentro de mí.

–Aun no lo sé… –susurré.
– ¿Cómo? –se extrañó el joven.
–Necesito un poco más de tiempo para saber si lo que siento por ti es algo más que amistad.
–Entonces… ¿tú mensaje de anoche era sólo para… ponerte a prueba?
–No es eso Mike –le expliqué.

No podía contarle lo de Jeremy entonces decidí decirle más o menos la verdad pero sin mencionar al otro chico.
–Esta semana podríamos quedar más a menudo y así podré saber que es lo que siento en realidad –le sonreí.
–Por ti haré lo que sea Mía, esperaré de nuevo, no me importa –dijo acercándose aun más a mi.

El agua de nuevo comenzó a caer tras dejar el sol tapado con una gran nube gris. Los patos echaron a volar y las ardillas se refugiaron entre las ramas de los árboles, la poca gente que había allí sacó sus paraguas de nuevo y se protegió de la lluvia. En cambio, Mike y yo continuamos mirándonos fijamente, la lluvia caía de nuevo con fuerza y ahí estábamos los dos, a Mike le daba igual mojarse y resfriarse con tal de estar ahí conmigo más cerca que nunca.
– ¿Crees que podré conseguir tu corazón?
–Si –contesté sin apenas mover los labios.

Nuestros rostros estaban el uno muy cerca del otro, no había apenas centímetros entre ellos y cuando pensé que sabía lo que quería hacer, mi corazón volvió pronunciando una palabra, Jeremy. Aparté pues mi cara y le di la espalda.
–Será mejor que te acerque a casa –me dijo abriendo el paraguas.
–No te preocupes Michael, iré yo sola, tú estás más cerca de tu casa y no quiero que te resfríes por mi culpa.
–No me importa –contestó el joven.
–Insisto Mike, no hace falta –le dije con una sonrisa.
–Como tú quieras Mía –dijo Michael ofreciéndome su paraguas.

Se lo negué con la cabeza y tras darle un beso en la mejilla, me fui. Allí dejé a aquel chico, no sabía si había hecho bien o no pero la verdad es que ahora tenía más dudas acerca de Mike. ¿Por qué Jeremy aparecía cuando no tenía que aparecer? Todo era más complicado de lo que había pensado.

–Creo que tendría que quedarme con Mike, él estará aquí siempre, en cambio Jeremy se irá… –pensé.

A pesar de pensar eso, Jeremy no salía de mi cabeza, me había fijado en el muy rápidamente y me había obsesionado con él aun más rápido. Jamás pensé que se podía querer a dos personas, jamás imaginé lo que se podía sentir al no saber que hacer ya que, si haces feliz a uno el otro, se sentirá desdichado. Por suerte tenía asegurado que Mike me quería, quizá Jeremy no me quería y sólo quería tontear conmigo, por suerte esta semana averiguaría todo sobre él, por lo menos lo intentaría, si fuese verdad que Jeremy no me quiere como me quiere Mike, me quedaría con Michael y por fin, tanto él como yo seríamos felices el uno junto al otro.

–Pero si Jeremy me quiere de verdad… –volví a pensar –todo será más complicado aun.

La lluvia parecía no querer parar nunca, es más, creo que el cielo lloraba por mí, ante mi situación. Quería haber pedido un taxi pero no quería mojar el vehículo así que decidí volver a casa en metro y después llegar a mi casa andando ya que la boca de metro que había al lado de mi casa estaba en obras. Entonces, mi móvil comenzó a sonar, era Jeremy.

– ¿Por qué siempre apareces cuando menos me lo espero? –me enfadé diciendo en voz baja mirando fijamente al móvil.

Pensé que sólo quería darme un toque pero me di cuenta de que aquello se estaba alargando mucho así que, decidí cogerlo.

– ¿Sí? –contesté tímidamente.
–Hola Mía.
–No me esperaba tu llamada –le dije.
–Ni yo esperaba que me lo cogieses –dijo con una voz más dulce aun de lo normal.

Mi corazón esta vez si se aceleró.

–Bueno, ¿querías algo? –pregunté.
–Quería preguntarte… –comenzó diciendo hasta que de pronto se cortó la llamada.
– ¿Jeremy? –dije.
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